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Arrayán despidió su álbum “El  Último Rayo de Luz” en The Roxy Live. El feliz y doloroso abandono de la geometría juvenil frente a una colorida tercera dimensión inevitable.

Arrayán despidió su álbum “El Último Rayo de Luz” en The Roxy Live. El feliz y doloroso abandono de la geometría juvenil frente a una colorida tercera dimensión inevitable.

 

De la redacción.

Por Fernando Blanco

PH: Carolina Solis Hard Candy

 

Agradecimientos: Crowd It Producciones Lucas Caval Lucio Savignano Barby Lavera

 

Las justas del destino suelen incorporarse, desde este lado de la visión europea del universo, a nuestra mesa de opciones como una liga de cuero joven que amarrada a un cabo,  debe ser infinita en su dulce contracción y cruel en su laxo abandono…  Y en la industria de la música,  esta acotada intuición sobre el arte nos indica que estamos obligados de divulgar un postulado probado y agotarlo hasta que un reinante nuevo nos sea inducido; como si la inspiración fuera regida por el Teorema del Valor Intermedio nacen discos, movimientos, bandas, músicos y pautas comerciales. Abandonarlas, incluso cuando aún estamos convencidos que es una elección y no una impostura ajena, suele dar escalofríos en los músicos que se permiten poco el sentimiento de “no correspondidos” por su público, y ver ese abandono como un objeto superador en su avanzar en su devenir puede trae lujos y bellezas que los ajenos no esperan y las reciben con satisfacción.

El marco de una despedida siempre debe su rigor a un espectáculo de tamaño foráneo al artista y consecuente con el sentimiento que depara para quien se siente parte, despedir un disco es también despedirse de la comodidad y de la solvencia ensayada; el valor es doble si a eso se le suma riesgo en la muestra del futuro.

El trío Arrayán logró vincular esta avanzada con la despedida de “El Último Rayo de Luz” en una presentación que tuvo intensidad de festejo, pero determinación de despedida.

 

La costumbre de abrir la noche de domingo temprano tuvo en Venecianos la confortable responsabilidad de recibir a la asistencia. La banda comandada desde la voz constante y vertiginosamente sumisa de Caro González, hizo prioridad la presentación de su primer disco “Nueva Tinta” y mostró durante un set compacto y medido una búsqueda casi pragmática de la prolijidad en su Post Grunge, donde el espacio a la canción estaba cuidado a tal detalle que el espectador tenía una búsqueda vigorosa de lectura entrelíneas. Debut en un escenario mítico para este disco que deja satisfechos a los fanáticos del género y que provoca una atención preliminar a las nuevas aventuras sónicas que deberían permitirse estos cuatro músicos que demostraron calidad de interpretación.

 

Con un sísmico ingreso a la velada, Ya Fue postuló su progressive dark metal con la contundencia del convencimiento sobre las composiciones propias, haciendo un muro de sonido tan contundente que su afición tardo en mover sus cuerpos al paso puntilloso del guitarrista Thomas Veltri , destacadísimo en cada canción y con una ovación por parte del público durante un “mash up live” que hizo la banda en homenaje a sus influencias, rindiendo tributo al pogo salvaje. Ya Fue tuvo la cuota abundante de energía para dejar caliente un The Roxy dispuesto a “no dejar dormir a la bestia”.

 

 

Las instancias previas a cualquier presentación por sobre todo, tienden a sorprender a sus protagonistas… Y esta vez Lucas , guitarrista y cantante de Arrayán nos sorprendía  con la inclusión de Paula Naanim Telis en un comienzo gutural donde los desprejuiciados presentes no supieron romper la belleza del silencio seducido que despertaba en brazos de la cantante… Pero también fue lo impredecible quien dejó al mismo guitarrista en fuera de su zona de confort, ya que su arma cargada, su mítica PRS lo abandonó en las primeras intervenciones y tuvo que desenfundar su debut onírico, su signature Telecaster EAnca que lo presentó como artista exclusivo de la marca y que lo iba a envolver en una ensoñación durante todo el show.

Las canciones del disco que se iba, sucedían desde la contundente y estudiada simpleza de quien le otorga más vida a su rigor, comandadas desde la solvencia poderosa de Gabriel «El Gato» Mikati en la batería, un instrumentista con una vocación por el aura vintage de su set , un depurado artista técnico en dosis espectrales… un placer que pocas bandas pueden agradecer en una presentación en vivo.

 

 

En un trance bipolar de inspiración e influencia desde la armonía y los riffs de Cavallero,  Lucio Savignano comenzaba una supernova inadvertida, abordado por un orden de multiplicidad el bajista dejó libre un sofisticado virtuosismo, medido y superador, que nos advierte sobre el futuro de la banda, un futuro donde la exploración y la belleza toman caminos de verdades más complejas, de metonimias de duro masticar; algo que es celebrado y esperado con ganas luego de ver el despliegue en el escenario.

La lista fue un festejo interminable. Los invitados fueron una dosis de distención y festejo íntimo para el trío, tanto los teclados refinados de Ignacio Baldassa como la guitarra clásica y efectiva de Santiago Kazlauskas dieron el pie a soltarse y disfrutar más abiertos al grito que venía desde el “dance floor”.

En un show extenso y donde los amantes de Arrayán no se contentaban con el final, el pequeño ritual de versionar a Aeroblus fue una manera de abrazar la copa del brindis.

 

 

Tal vez las despedidas sean todas una manera de infelicidad, pero tenemos el deber de convertir esa puesta en segundo plano, en un despertar bello y estimulante.

Arrayán lo ha logrado. Y no van a detenerse allí.

 

Fernando Blanco

mayo 31st, 2017

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